SI TE PIDIERA QUE NOMBRARAS TODO LO QUE AMAS EN ESTE MUNDO…  ¿CUÁNTO TARDARÍAS EN DECIR TU NOMBRE? 

Al observar esta frase, sé que posiblemente dirás: “¡No lo había pensado!”. Y sabes, no es algo que sorprenda, porque son muchas las ocasiones en que nos hemos olvidado de nosotros mismos, a tal punto que nos ha resultado más cómodo dejarnos para después o definitivamente de lado, y de manera equivocada nos enfocamos en lo externo y en los demás.  Esto nos deja en una postura donde es fácil volverse invisible incluso frente a nuestros propios ojos. 

La falta de introspección no solo puede llevarnos a poner en riesgo el propio bienestar emocional y mental con total normalidad, sino que también nos impide reconocer nuestra identidad y, por ende, sin esta proyección de autoestima, las otras personas tampoco logran apreciarla.  Quizás impulsados por el miedo y la inseguridad, cedemos nuestra valía e incluso idealizamos virtudes ajenas, las cuales tantas veces ni siquiera conocemos de verdad. 

Esto tiene mucho que ver con nuestras costumbres y nuestra cultura, donde desde muy temprano se nos ha enseñado que pensar primero en uno mismo no es correcto, porque nos convierte en personas malas e individualistas. Sin embargo, priorizarse antes que nadie no debe ser visto como un acto de egoísmo, sino más bien como un punto de partida hacia el amor propio desde el cual podemos construir relaciones más sanas y equilibradas. 

Es verdad que debemos tener en cuenta lo que existe más allá de nosotros, e incluso las necesidades de aquellos que nos rodean, puesto que esto también nos permite desarrollar una mayor conciencia de quiénes somos y de lo que merecemos. Pero siempre y cuando lo hagamos sin ponernos en riesgo, porque nuestra plenitud no puede estar simplemente expuesta sin ningún tipo de filtro por parte nuestra. 

No obstante, cabe recalcar que esto no es magia, es un proceso en el cual debes ser paciente, debido a las posibles regresiones que existen en estos casos. Inicialmente, todo puede parecer muy desordenado e imposible por la falta de práctica, pero empieza por detalles graduales que no requieren ese cambio drástico al que una parte de ti tal vez le teme. Por ejemplo, diálogos internos positivos, descansar sin culpa o celebrar los logros cotidianos. 

La persona más importante para ti y con la que estarás de principio a fin en esta vida eres tú. Por lo tanto, ámate y respétate siempre, pero, sobre todo, no olvides que debes ser lo primero a mencionar cuando de amor se hable, ya que el amor comienza contigo y continúa a través de la inspiración coherente que ofreces a los otros. De esta manera se forma un círculo virtuoso donde todos aprendemos o recordamos valorar nuestra propia existencia y la de los demás en la secuencia adecuada. 

Desde aquí te envío un cordial saludo hasta dondequiera que te encuentres. 
¡Muchas gracias! 

⎯ Liliana Léibel 
—Todo comienza contigo. 


Imagen destacada: Valeriya en Pexels

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