«Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia prudencia».
Cuando atravesamos momentos difíciles, de los cuales nadie está exento, pareciera que el mundo entero se nos viene abajo. En medio de nuestro sentir tan abatido, llegan las angustias, las dudas y la incertidumbre, que son propias en situaciones de adversidad.
Inevitablemente, nos hacen sentir como si nos hubiéramos quedado completamente solos en medio de un desierto, sin las fuerzas suficientes para levantarnos y seguir adelante.
Sin embargo, tú no estás solo; Dios está contigo en todo momento y jamás te abandona. Por lo tanto, es preciso que tú tampoco te alejes de Él, especialmente en tiempos de aflicción, donde puede comprometerse tu propia razón de identidad y olvidar quién eres.
Nadie te conoce mejor de lo que te conoce aquel Ser Supremo que te creó con todo su amor y dedicación. No tengas reparo en hacerle saber que estás herido, que tus fuerzas han decaído y que no logras mirar con objetividad tu rumbo a seguir; confía en que bendiga tus pasos y te conceda buena voluntad.
Así mismo, no olvides dar gracias por las cosas buenas que, pese a las circunstancias, tienes en tu vida y por todas las maravillas que te rodean. De esta forma abrirás tu sendero y tu corazón para las nuevas bendiciones y, en consecuencia, alcanzarás tu bienestar con total plenitud.
Detrás de cada prueba siempre existe un propósito y una enseñanza, incluso cuando no comprendes nada en medio de tu tristeza; los retos, a menudo, son la oportunidad perfecta para crear una mejor versión de ti mismo y comprender mejor el amor divino.
Dios es firme, y tú eres la muestra más fiel de su amor, el mismo amor sobre el cual puedes construir tu vida, con los sueños, talentos y pasiones que Él en su inmensa bondad te ha brindado, para honrarlo y enriquecer este mundo con tu esencia única e inigualable.
No te enfoques tanto en tus problemas; más bien piensa en los recursos que tienes para resolverlos, porque, como puedes ver, del mismo modo que tienes tus temores, también tienes tus potenciales.
Confiar en Dios es un viaje único y personal, según nuestras creencias, experiencias y vivencias, que no siempre nos resulta fácil, porque incluso la fe llega a estar en juego.
No obstante, cabe recalcar que, al sembrar esta confianza, es más fácil encontrar dirección, resiliencia y un sentido profundo de pertenencia, que nos demuestra que, a pesar de los desafíos, hay una luz que nos guía y nos sostiene.
Desde aquí te envío un cordial saludo hasta dondequiera que te encuentres.
¡Muchas gracias!
⎯ Liliana Léibel
—Todo comienza contigo.
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